Del 17 al 28 de abril se realizará una nueva edición del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (BAFICI), organizado como ya es tradición, por el Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires. La número 25 para ser exactos, lo cual representa un hito considerable para cualquier evento cultural y en este caso particular la consolidación de lo que podría caratularse como una política de Estado. A lo largo del tiempo, el BAFICI atravesó diversos procesos políticos y partidarios, vaivenes sociohistóricos de todo tipo y un sinfín de crisis económicas. Y, sin embargo, sigue ahí, imponiéndose a una gran variedad de fuerzas externas.
Y también internas, porque en este cuarto de siglo tuvo muchos cambios en las conducciones y formaciones de los equipos de trabajo que implicaron mutaciones en el perfil del Festival y una evolución identitaria. Por caso, si los primeros años la programación parecía una réplica a escala sudamericana del Festival de Sundance, luego estableció mayores similitudes con el de Rotterdam, para después adquirir una estructura indudablemente propia, que es referente para muchos otros festivales del resto del mundo. Eso le ha permitido tener un público fiel, que no falla a cada cita anual, además de una inserción territorial, por lo que es un instrumento potente de formación de espectadores.
Esta vez, no habrá tantas películas como en otros años, donde se llegaron a proyectar más de 400. En cambio, se podrán ver 260 películas, una cifra nada desdeñable y unas 500 funciones en trece salas. Adicionalmente, a modo de celebración, junto al sitio web A Sala Llena, se publicará un libro titulado El libro de plata del BAFICI.
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